Karen Schriver: la historia del lenguaje claro y los desafíos que se vienen


Sobre el fin del año pasado, Karen Schriver, una de las principales especialistas en lenguaje llano (o lenguaje claro, como últimamente se lo está denominando en el mundo de habla hispana), publicó un artículo clave para entender de qué se trata y qué alcances tiene esta corriente. Denominado “Plain Language in the United States Gains Momentum: 1940-2015” ('El lenguaje claro toma impulso en los Estados Unidos: 1940-2015'), Schriver se tomó el trabajo de trazar su recorrido desde la primera norma que regulaba información gubernamental hasta la actualidad. Probablemente, el primer trabajo serio de historización del plain language (PL).

Aunque solo limitado a los Estados Unidos, el artículo es sumamente completo y tiene la virtud de poner en su lugar muchas de las piezas sueltas del rompecabezas que conforma la historia del PL. ¿Ejemplos? El lugar en la tradición previa de escritores como Orwell o Hemingway y también de manuales como el de Strunk & White; las diversas iniciativas gubernamentales desde mediados del siglo pasado hasta la promulgación del Plain Language Act en 2010; las actuaciones de las organizaciones privadas incluyendo los famosos formularios simplificados del Citibank en los setenta o las relativamente recientes discusiones entre la Federal Trade Comission y las agencias de marketing y publicidad. Al final de la lectura, es posible delinear con precisión la huella que el PL ha dejado en el país del norte y, por extensión, en todo el mundo. (Además, como si fuera poco, el artículo cierra con un cuadro que detalla año por año toda acción relacionada con él).

Redefinir el lenguaje claro

Pero esta virtud no es la única, sino que el artículo es especialmente interesante por dos cuestiones adicionales. El análisis que hace respecto de los exámenes de legibilidad y, todavía más importante, el trabajo que se toma para establecer una definición actual de lo que es el lenguaje claro.

Como bien plantea Schriver en su inicio, las primeras caracterizaciones del Plain Language sencillamente “enfatizaban un estilo simple y directo de escritura que se adaptara a su audiencia”. Hoy una caracterización de este tipo es insuficiente y así lo reflejan la mayoría de los grupos de PL, como Clarity, Center for Plain Language o PLAIN, a la hora de definir su objeto de trabajo. Schriver pone como ejemplo la definición que todas ellas han acordado. Es esta:

Una comunicación está en lenguaje claro si su elección de palabras, estructura y diseño son tan claros que la audiencia a la que se dirige puede fácilmente encontrar lo que necesita, entender lo que encuentra y usar esa información.

Como se ve, las nuevas visiones sobre el PL incluyen estructura, diseño y usabilidad, aspectos que son moneda corriente desde que el mundo se volvió digital. Sin embargo, Schriver va todavía un poco más allá e incluye una dimensión adicional: la ética.

Para Schriver, el lenguaje claro debe ser más que simplemente escritura y diseño claros. También debe ser honesto. Sobre todo, a sabiendas de que Estado y empresas se han vuelto más sofisticados a la hora de comunicar y que, para ocultar sus verdaderas intenciones, pueden hacer precisamente lo contrario de usar jerga u oscurecer sus textos. Usando lenguaje claro, tal como alerta la especialista, “las organizaciones pueden engañar, mentir y manipular el pensamiento de la gente (p. 3)”.

Efectivamente, tenemos evidencia de esto todos los días. Por eso es que un abordaje de lenguaje claro debería incluir nuevas preocupaciones: además de producir contenidos llanos y bien organizados, debería velar por su veracidad. Me parece que es la tarea que tenemos por delante, si queremos que el lenguaje llano continúe estando del lado de los ciudadanos, algo que, como bien ilustra el artículo, es su marca de origen.

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