Almuerzo con Matthew Stibbe de Bad Language

Esta foto ilustra uno de los grandes momentos de mi reciente pasada por Londres: el almuerzo con Matthew Stibbe de Bad Language.

Matthew es una de las personas que más ha hecho por definir, pensar y desarrollar la profesión que ejerzo: escribir para organizaciones. Durante más de una hora estuvimos intercambiando experiencias, comparando la realidad de Londres y la de Buenos Aires, y riéndonos de las cosas que ambos sufrimos ( ˮno, no edites el texto simplemente ojealo y mejoralo un pocoˮ).


De la charla me quedé con la sensación de que Matthew y su empresa, Articulate Marketing,  están bien a la vanguardia de lo que genéricamente se denomina como marketing de contenidos: no sólo por aquello que tiene que ver con la definición  de un producto sino por el modo estratégico de comercializarlo, que hasta  involucra una redefinición del modo en que los escritores nos pensamos a nosotros mismos.

En los próximos días, voy a ir subiendo alguna de esas ideas.  

Postales de una futura vida tranquila en la Biblioteca Popular del Paraná

Como muchos porteños, cuando la realidad laboral se espesa más de lo que quisiera, fantaseo con llevar una vida más tranquila en alguna ciudad del interior. Un lugar de ritmos más lentos, donde pueda hacer todo lo que la vertiginosa Buenos Aires presuntamente me impide. 

Con los años, el ránking de los escenarios de esa escapada improbable ha ido variando. Mar del Plata, Rosario, Madryn alguna vez tuvieron sus votos interiores. Pero últimamente mis preferencias las tiene Paraná, la capital de Entre Ríos (y alguna vez la capital de todo el país).

La conocí hace casi una década de la mano de Alicia Pirola que me llevó para dar un taller de redacción para empleados de Enarsa, la compañía provincial de electricidad. El taller ocupó los cuatro viernes de un mes y como el avión me dejaba temprano y el taller empezaba tarde, aprovechaba para caminarla un poco. 

El espíritu amistoso de su gente; el increíble parque Urquiza, que siempre me pareció un especie de mini Central Park en pendiente y con costanera;  el pescado asado, los árboles y las casas de las familias encumbradas de la Alameda de la Federación, todo me fue cautivando en pequeñas progresiones. Desde aquellos viernes, me prometí volver de vacaciones, algo que recién pude hacer hace unos diez años después, gracias a los recientes feriados de carnaval.

Entre los muchos descubrimientos que agregué esta vuelta -el teatro 3 de Febrero por dentro, la escuela del Centenario, el librero del Templo del Libro y sus anécdotas de Juanele Ortiz, el edificio brutalista de la facultad de Ciencias de la Educación, (por algunos de ellos debo dar créditos a la guía experta de Fernando Ponce con quien anduvimos de recorrida un sábado a la mañana) hay uno que atesoro especialmente: su biblioteca popular.
































El espacio de los sueños

Fundada por Sarmiento en 1874 y recién ejecutada ediliciamente para 1910 para mejorar la presentación de la ciudad en los festejos del Centenario, la biblioteca tiene la belleza de las mejores construcciones de principios del siglo XX y una gestión que se adivina contemporánea y abierta a la comunidad.

Entre sus muchos encantos, hay para elegir entre su sala de lectura de pisos, sillas y bibliotecas de madera; sus elegantes atriles verdes donde los libros no resbalan o su mesa con recientes (y buenas) novedades para sentarse rápido a leer (un asunto que ocupa a mi mujer, como se aprecia en una de las fotos de abajo). Sería justo sumar a la enumeración  el magnífico auditorio en el primer piso, y eventos insólitos y geniales como éste. 

En definitiva, todos ellos conforman un espacio histórico -de hecho el edificio forma parte del patrimonio nacional-  que parece haber encontrado la manera de evitar ciertas acciones que oxidan algunos lugares ilustres. La biblioteca se usa y todos los paranaenses que me crucé testimoniaron el afecto que le tienen.   

Pero por sobre sus atributos y el efecto que pueda ejercer en otros, creo que mi enganche con la biblioteca es más personal. Sentado en sus atriles verdes, pude por un rato materializar una escenita alejada de mi realidad cotidiana: la de pasar un sábado a la mañana en un lugar así, simplemente leyendo algo que me guste, sin preocupaciones. Una sensación placentera que se va disolviendo conforme pasan los días, y que como buen porteño al final de sus vacaciones, me prometo inútilmente tratar de recrear en la ciudad donde vio todo el año. 


Narrar y divulgar: dos talleres breves de escritura para cerrar el verano 2014

En estos días voy a a estar coordinando dos talleres breves: uno de escritura de divulgación y otro de técnicas narrativas.

El primero de ellos ya hace varios años que lo vengo dando. Va a partir del próximo lunes en el Rojas. Dirigido a investigadores y científicos, y público universitario en general, la intención del taller es mostrar en cuatro encuentros cómo escribir un artículo de divulgación. Al menos, sus aspectos básicos de estilo y de estructura, y ciertas estrategias para componerlos y llegar a públicos más amplios que los de la propia especialidad.

El segundo, en cambio, hace su debut este verano y se propone abordar las principales técnicas narrativas:   elecciones de punto de vista, desarrollo de personajes, construcción de diálogos, etc.  Gracias a la hospitalidad  de la gente de Casa Florida y la Musaraña libros me voy a poder dar el gusto de coordinar este taller en el barrio donde vivo. Serán seis encuentros los jueves de 20 a 22 a partir del 6 de marzo. Los interesados pueden escribir a lamusaranialibros@gmail.com o llamar a la 4791-8220.

A propósito, este es el lindo afiche que hizo mi amiga Cinzia Ponisio, con un Hemingway feliz de fondo.


Pequeño balance 2013: bien cerca de lo que nos gusta hacer

Termina un año interesante para la consultora. Un suerte de transición en la que nuestros propósitos salieron fortalecidos. Cada vez más somos vistos como lo que queremos ser: una agencia de contenidos asociada con la calidad. Lejos del fast food de contenidos, cerca de las cocinas de autor.

Entre las cosas que hicieron el año interesante, estuvo la mudanza de oficina, una decisión que resultó mejor de lo que esperábamos. Y también la llegada de clientes nuevos, como, por ejemplo, Pan American Energy  o AD Barbieri con quienes desarrollamos un trabajo tan fecundo como gratificante. Durante el verano iremos publicando algo de lo que hicimos con ellos.  

Por el lado de la capacitación, también fue un año intenso. Además de la tarea regular en la maestría de comunicación de UCES o de alcanzar los diez años ininterrumpidos con el taller de la revista Imagen, iniciamos un trabajo sostenido con el Banco Credicoop y el Ministerio de Desarrollo Social. Pronto contaremos también los resultados de ambas experiencias.

Y por último, hasta tuvimos apariciones en los medios: la revista Mercado nos eligió para ejemplificar el trabajo con contenidos en comunicación interna.

Recién mudados


Todo anverso tiene su reverso. Por ejemplo, la inactividad en este y cualquier espacio virtual de AE durante los últimos meses tuvo su contracara con el exceso de movimiento en el mundo material. Estuvimos trabajando mucho –ya compartiremos algunos ejemplos del primer semestre con los que estamos muy contentos–, experimentamos algunos cambios en el equipo y, por sobre todo, nos mudamos.

Y esta es, en realidad, la noticia que queríamos dar: nos corrimos un par de estaciones de subte y estamos orillando el centro. Desde principios de mes, elegimos como nueva sede Callao 868, un espacio que veníamos usando para nuestros talleres, que además de lindo, está arriba de una de las librerías emblemáticas de la ciudad. 

 Así que, ya instalados, estrenando oficina y teléfono, encarando con espíritu renovado lo que resta de 2013, los invitamos, amigos y favorecedores, a agendarse los nuevos datos de contacto y a darse una vuelta cuando quieran. 

Adúriz Escritura

Telefóno/fax: (+54 11) 4815-3123

Dirección: 
Av. Callao, 2 A 
C1023AAO 
Ciudad de Buenos Aires


Infografía de tiempos verbales

No son mayoría, pero cada tanto en mi clases hay quienes me piden ayuda porque se confunden al usar los tiempos verbales de sus textos. Pierden el hilo de la acción, hacen saltos abruptos, van y vienen sin una buena dirección.

Para todos ellos y para quienes tengan que explicar los tiempos verbales, fíjense qué linda y didáctica infografía armó @jramon en su blog.

El debate continúa: ¿cómo se escribe? ¿Argentina o la Argentina?


¿Cómo se llama el país donde vivimos? ¿Argentina o la Argentina? El debate, créase o no, surge bastante seguido en la consultora y también con nuestros clientes. 

Lo que leemos en los medios tampoco ayuda: los diarios alternan entre una y otra forma. La marca país es Argentina, a secas. Pero cuando los textos pasan por las manos de los correctores vuelven cambiados: “Es la Argentina”, nos explican. Entonces, ¿se pueden usar ambos o hay uno que está mal? 

Por lo visto, muchos de nuestros lectores se preguntan lo mismo: el post que armamos al respecto hace unos años está aún hoy entre los más leídos. Pensando en esto decidimos retomar el tema e investigar un poco cuáles son las opiniones que están dando vuelta entre los expertos. A ver si esta vez llegamos a una conclusión que nos cierre a todos. 





El nombre de nuestro país según la Academia Argentina de Letras

Ya hace unos años recurrimos a la Academia Argentina de Letras con esta misma consulta. De lo que nos dijeron, es importante destacar algo: ninguna de las formas, lleven o no artículo, se considera denominación oficial. Sí lo son Provincias Unidas del Río de la Plata, República Argentina y Confederación Argentina.

Aparentemente, el nacimiento de la versión Argentina surge en la década de los 40, cuando en las reuniones de la ONU, nuestro país se colocaba en la a, sin el artículo ni el sustantivo república delante. Ese uso se expandió y es cada vez más común. Sin embargo, la Academia recomienda la forma con el artículo: argentina es un adjetivo, por ende requiere de ese la para sustantivarse.