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Escritura en empresas: ¿que cambió en los últimos veinte años?

Pocos días atrás, promovida por la maestría en la que doy clase, tuve la chance de dar una charla virtual sobre escritura de empresas.  

La charla, compartida con Ricardo Palmieri, tenía por título una pregunta: ¿Qué significa escribir bien en las empresas? 

Para responderla terminé recurriendo a una suerte de autobiografía velada (y no tanto) de los modelos que me encontré a lo largo de mi vida profesional. Hablé del gerente que a mediados de los noventa trataba de que mis textos llanos se parecieran a escritos legales, puse fotos de las revistas que escribimos con mi consultora para el banco Santander y otras compañías, charlé de cómo fue descubrir eso que hoy se denomina Lenguaje Claro (y que, como se aprecia en muchas entradas de este blog, durante mucho tiempo denominé Lenguaje Llano, siguiendo la nomenclatura de Daniel Cassany)

Así que desde aquel modelo inicial de largas frases oscuras y burocráticas, que después se fueron aclarando, acortando y organizando mejor, terminé tratando de dilucidar las características de un paradigma más actual.  Propuse pensar uno donde ya es prácticamente imposible pensar en textos únicos y cerrados, donde en reemplazo tenemos que elaborar constelaciones de textos vinculados -entre sí y con lenguajes audiovisuales-, que muchas veces incluyen historias. 

Acá, en el video de la charla, pueden ver los detalles:


Pero después de la presentación me quedé pensando en otro modo de entender ese mismo recorrido: algo así como el de un lector que emerge progresivamente, que se va configurando de a poco en un rol más activo, que cada vez demanda una protagonismo mayor.  Un lector que primero exige entender, que luego comienza a asumir muchas más operaciones que simplemente leer -comentar, likear- y que hoy ha alcanzado un punto tal de desarrollo que parece insuficiente llamarlo simplemente así. 





Talleres de marzo


Estos son los dos talleres que arrancamos ahora en marzo. Cualquier consulta pueden escribir a info@adurizescritura.com.ar  


Técnicas de escritura digital en el Centro Cultural Ricardo Rojas

Cuatro clases para incorporar recursos y estrategias que mejoren la escritura en redes sociales  y blogs.  

 Contenidos:

1)      Escribir y leer en las redes
Los nuevos paradigmas de lectura y escritura. Lectores, usuarios y audiencias. Los contenidos híbridos y fragmentados. Escribir para armar recorridos y ser localizado. Escribir con otros textos y con otros lenguajes. La red como biblioteca y como escenario de conversaciones.
2)      La prosa llana digital
La organización y el estilo de los textos en la red. La segmentación e interacción de los contenidos. La prosa activa de oraciones breves y palabras sencillas.
3)      La escritura y los blogs
Los posts como variantes híbridas de artículos, columnas de opinión o narraciones breves. La prosa porosa, apelativa y conversacional.    
4)      La escritura y las redes sociales.
La escritura condensada. Las estrategias para promover la participación. La escritura de redes como inicio de un recorrido. Su rol en el universo de contenidos digitales. La escritura y sus nuevas relaciones con los lenguajes audiovisuales.

Haremos pequeños ejercicios de escritura para aplicar estas técnicas en clase y de una clase a otra. 
La idea es que en estas cuatro clases proporcionen los fundamentos para escribir en Internet y las redes.
(Hay pocas vacantes por lo que me dijeron).

Centro Cultural Ricardo Rojas
Tucumán 3035
Viernes 2, 9, 16 y 30 de marzo. 
De 10 a 12.  
Valor total del taller: $ 635. 
Inscripción en www.rojas.uba.ar 



Taller básico de narrativa en la Usina Creativa Callao

Cuatro clases de fundamentos para poder narrar una historia. 

Contenidos:

1) Voz del autor, voz del narrador y voz de los personajes.
2) Escenas y flashbacks. Cómo hacer avanzar la acción.
3) Punto de vista: las distintas perspectivas desde las cuales contar una historia
4) Personajes y diálogos.

Haremos pequeños ejercicios de escritura para aplicar estas técnicas en clase y de una clase a otra. 
La idea es que en estas cuatro clases proporcionen una suerte de kit básico y elemental para narrar, más allá del formato que cada uno elija.
Funciona como antesala independiente del taller anual que después sigue a partir de abril.

La Usina Creativa. 
Av. Callao 868. 
Miércoles 7,14,21 y 28 de marzo. 
De 19 a 21.  
Valor total del taller: $ 1500. 








Nueva edición del taller Técnicas de escritura (y una descripción actualizada de él)

Taller Técnicas de Escritura
Sebastián Adúriz

Dónde: Sede Tucumán 3959, Abasto.
Cuándo: Los viernes de abril, mayo, junio y julio de 9.30 a 11.30 (16 encuentros) Comienzo: Viernes 1 de abril

Inscripción en www.rojas.uba.ar (Código JA.1LE.78)





En un par de viernes voy a estar iniciando una nueva edición de Técnicas de Escritura, el taller que hace más de quince años tengo en el Centro Cultural Ricardo RojasYa escribí en otras oportunidades sobre él, pero, como el taller y el entorno han ido evolucionando, quizás sea bueno documentar algunos de estos cambios  y ofrecer una versión más actualizada.  

En su origen, allá por el 2000, el taller arrancó como un espacio de aprendizaje bien práctico. Mi propósito central era ayudar a incorporar recursos y estrategias para escribir mejor, cualquiera fuera el tipo de textos que los asistentes tuvieran en mente (y también cualquiera fuera el tipo de asistente que se acercara). Eran momentos en que la mayoría de los talleres literarios se alimentaban casi exclusivamente de la creatividad que pudieran despertar distintas consignas, sin preocuparse mucho de otros aspectos más concretos. Así que, en un primer momento, me orienté enfáticamente a mostrar que antes que nada escribir es una técnica, un oficio. Me preocupaba por enseñar cómo construir una prosa activa y clara, sin jerga, con estructuras de párrafos bien hilvanadas y con la mayor riqueza posible de recursos retóricos. 

Con los años, el taller, sin abandonar esa primera identidad, se fue transformando al ritmo de mis propios cambios y también a los que ha sufrido la propia escritura: piensen, por poner el ejemplo más evidente, que cuando empezó el taller prácticamente no existían las redes sociales.

Ahora, además del abordaje técnico, también me preocupo, en igual medida, por indagar en las emociones y las ideas de quienes vienen al taller, tratando de identificar prejuicios y temores, que exceden largamente al miedo de la hoja en blanco.  ¿Me angustia releer mis propios textos? ¿Doy muchas vueltas antes de sentarme a trabajar? ¿Me frustro si no obtengo resultados satisfactorios inmediatamente? Cuestiones como estas -que, generalmente, suelen ser problemas comunes de todos quienes escriben- también tienen su lugar y son abordadas desde una perspectiva técnica.

Paralelamente, también ha ido creciendo cada vez más el espacio que dedico a los recursos narrativos. Por mi trabajo, estoy obligado a escribir relatos en muchas de sus variedades. Y también a insertarlos en los intersticios de géneros donde su presencia no es tan habitual, como por ejemplo, presentaciones, informes y discursos.  Por eso, me interesa que quienes vienen con un formación más argumental descubran las posibilidades que les ofrece el discurso narrativo: en otras palabras, que aprendan cuándo explicar, cuándo mostrar, y cuándo hacer ambas cosas.    

Simplificando, el taller transita actualmente sobre tres ejes (para saber más sobre la dinámica de las clases les recomiendo  ir acá):
  • recursos para ejecutar un estilo llano y contemporáneo, una definición que incluye las novedades de la escritura digital y de la nueva narrativa
  • recursos para sortear problemas como bloqueos o interrupciones en el proceso creativo que puedan estar afectando la escritura  
  • recursos para contar historias


En todos los casos, trato de que estén contemplados la mayoría de los usos posibles que se le pueden dar a la escritura: comunicar,  provocar una experiencia, entretener, divulgar, ayudarse a uno mismo a pensar.  Porque si hay algo que el taller ha mantenido constante es la variedad de asistentes e intereses que confluyen en él. Desde blogueros a amas de casa, desde profesionales a estudiantes de las más diversas especialidades, de gente que escribe profesionalmente o otra que lo hace en los ratos libres que le dejan sus trabajos.  Esta diversidad es algo que disfruto enormemente porque siempre, siempre, hace la experiencia más rica y más plena de novedades. 

Si hay alguien por ahí con ganas de traer las suyas a esta edición será más que bienvenido. 



Cómo hacer atractivos los temas de los que hablan las empresas


¿Cuántas veces una compañía puede decir que está comprometida con la comunidad, que lo que más importa es la seguridad, que la gestión debe seguir siempre al Negocio? Estas enunciaciones –respondan o no a la realidad– repetidas una y otra vez, y siempre iguales, pueden perder su valor. El mensaje que se desea transmitir se va diluyendo en una lectura automática y progresivamente desinteresada por parte de las audiencias a las que va dirigido.

 Esta es una de las grandes razones por las cuales los públicos de estos mensajes empresarios perciben que los contenidos que reciben son aburridos. Pero no es la única razón para su probable desconexión. Junto con los mensajes reiterativos, puede surgir otro problema: el del lenguaje oscuro o burocrático.

En este caso, no se trata de que los contenidos sean repetitivos, sino que sencillamente no se entienden. Existen temas de empresa poco familiares para el público común y corriente –como normas de seguridad o procesos ambientales– en los que se hace poco o ningún esfuerzo por adaptarlos para quien los recibe. Esta cuestión puede ser poco percibida por algunos emisores de la compañía, muy acostumbrados a estas temáticas, a su terminología y a las siglas que ellos mismos inventan para abreviar estos términos –SGI, RSE, SAC, SEO–.

Entre estas dos combinaciones se consigue que outsiders (clientes, proveedores, clientes potenciales, nuevos empleados, etc.) no entiendan, e insiders se aburran.  

¿Qué podemos hacer?

Para empezar, algo que ya se dijo muchas veces pero que hay que tener siempre presente: producir desde el punto de vista del lector. Todos los temas tienen un costado interesante o por lo menos, lectores que pueden encontrar valor en él. Pratik Dholakiya en “How to write interesting content for a boring topic” (Cómo escribir contenido interesante de un tema aburrido) lo ejemplifica con un tópico en apariencia muy poco apasionante: las tazas de café. Para escribir un artículo al respecto, este autor buscó el tema en Yahoo! Respuestas para ver qué aspectos de estos objetos eran atractivos para la gente. Para su sorpresa, encontró muchísimo material: había innumerables preguntas, entre las cuales la gente consultaba sobré qué frases puede estampar en sus tazas, cómo arreglar astillas y hasta dónde comprar tazas de Star Wars.

Una vez que tenemos el interés del lector en vista, hay más cosas que podemos hacer relacionadas con la forma del texto. Por ejemplo:

  •   intentar hacer un texto sin obstáculos. No des por sentado que todos los términos o procedimientos familiares de la compañía son claros para un lector y limitá las siglas al mínimo indispensable. De esta manera, la lectura es dinámica y, por lo tanto, más entretenida. 
  •  atraer al lector desde el género. Si tenés que escribir un comunicado sobre un tema ya enunciado, probá abordarlo a través de una nota o un post. Y viceversa. 
  •  pasar de lo argumental a lo narrativo. A través de una historia, el lector seguramente se enganche desde lo emocional o desde el interés por saber cómo se desenvuelve la trama. Ya alguna vez hablamos sobre esto y seguramente continuemos haciéndolo. 
  •  y, fundamentalmente, asegurate de que la expresión no se repita. Si pusiste muchas veces que para la compañía las personas son su principal capital quizás, vaya siendo hora de pensar una metáfora distinta.

¿Por qué a las empresas argentinas les cuesta tanto contar historias?


“Hay un relato pertinente sobre un hombre que trabajaba en una plataforma petrolera en el Mar del Norte. Una noche lo despertó una fuerte explosión, que de pronto hizo que toda la plataforma quedara envuelta en fuego. En pocos segundos, estaba rodeado por las llamas. Entre el humo y el calor, apenas pudo salir del caos y alcanzar el borde de la plataforma. Cuando miró hacia abajo todo lo que él alcanzo a ver eran las oscuras, frías e inciertas aguas del Atlántico.”

Este párrafo, que parece el inicio de algún relato literario, es, en realidad, el inicio de un mensaje corporativo. Así comienza el texto que Stephen Elop, el CEO de Nokia, envió a sus empleados hace un par de meses. El texto, que se puede leer entero acá, es nada menos que el anuncio de una serie de recortes y cambios para frenar la grave crisis en la que la empresa finlandesa está metida (o para, según otras versiones, favorecer alianzas de negocios con actores más del gusto del nuevo CEO). Como sea, Elop dice que más vale tirarse a las aguas heladas que continuar como hasta ahora.
Contar historias, usar metáforas, encarnar acciones en personajes es una práctica habitual en la labor comunicativa de las empresas del mundo. Las ventajas están claras: una buena historia corporativa conseguirá lo que cualquier buena historia. En principio, cautivar a sus audiencias. Pero también mucho más: presentar ideas complejas en modos comprensibles y atractivos, mover a la acción, generar identificaciones, anticipar escenarios futuros, etc. (A quien le interese el tema, encontrará bastante bibliografía a mano. Un lugar accesible para empezar quizás sea The Leader's Guide to Storytelling: Mastering the Art and Discipline of Business Narrative, de Stepen Denning, que entre otras cosas, establece 8 modelos de historias según objetivos comunicacionales)
Sin embargo, en la Argentina esta modalidad discursiva no logra prender del todo. Ante la eventualidad de una situación como la de Nokia, un típico directivo local seguramente hubiera preferido moverse dentro de los territorios más conocidos del discurso institucional. La grave crisis que atraviesa nuestra compañía nos obliga a asumir medidas excepcionales. Algunos podrán decir que evita las ambigüedades del discurso narrativo o que se ajusta a las formalidades del espacio empresario, pero en el fondo se trata de puro hábito. No existe entre nosotros una tradición narrativa asociada a las organizaciones.
Creo que sería en beneficio de todos –de emisores y también de muchas audiencias aburridas– empezar a desarrollar una. Nuestras ideas y argumentos serán más persuasivos y llegarán a más personas si podemos ilustrarlos con ejemplos y anécdotas, si los encarnamos en personas concretas que deban atravesar obstáculos.
En estos tiempos, que favorecen la aparición de nuevas formas de liderazgo, más interactivas e inspiradoras, que prefieren conversar con sus distintos públicos antes que decirles lo que tienen que hacer, no está mal tener a mano todos los recursos comunicativos posibles.