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Escritura en empresas: ¿que cambió en los últimos veinte años?

Pocos días atrás, promovida por la maestría en la que doy clase, tuve la chance de dar una charla virtual sobre escritura de empresas.  

La charla, compartida con Ricardo Palmieri, tenía por título una pregunta: ¿Qué significa escribir bien en las empresas? 

Para responderla terminé recurriendo a una suerte de autobiografía velada (y no tanto) de los modelos que me encontré a lo largo de mi vida profesional. Hablé del gerente que a mediados de los noventa trataba de que mis textos llanos se parecieran a escritos legales, puse fotos de las revistas que escribimos con mi consultora para el banco Santander y otras compañías, charlé de cómo fue descubrir eso que hoy se denomina Lenguaje Claro (y que, como se aprecia en muchas entradas de este blog, durante mucho tiempo denominé Lenguaje Llano, siguiendo la nomenclatura de Daniel Cassany)

Así que desde aquel modelo inicial de largas frases oscuras y burocráticas, que después se fueron aclarando, acortando y organizando mejor, terminé tratando de dilucidar las características de un paradigma más actual.  Propuse pensar uno donde ya es prácticamente imposible pensar en textos únicos y cerrados, donde en reemplazo tenemos que elaborar constelaciones de textos vinculados -entre sí y con lenguajes audiovisuales-, que muchas veces incluyen historias. 

Acá, en el video de la charla, pueden ver los detalles:


Pero después de la presentación me quedé pensando en otro modo de entender ese mismo recorrido: algo así como el de un lector que emerge progresivamente, que se va configurando de a poco en un rol más activo, que cada vez demanda una protagonismo mayor.  Un lector que primero exige entender, que luego comienza a asumir muchas más operaciones que simplemente leer -comentar, likear- y que hoy ha alcanzado un punto tal de desarrollo que parece insuficiente llamarlo simplemente así. 





Taller de escritura de divulgación en el Centro Cultural Ricardo Rojas

El próximo viernes 22 de febrero vuelvo al Rojas con el taller de verano "Técnicas de divulgación: cómo escribir para todos". 

Es un taller breve de cuatro encuentros dirigido a investigadores, científicos y profesionales, en el que básicamente hacemos tres cosas:

-Entender las claves de la divulgación científica aplicadas a escribir.
-Incorporar algunos recursos para componer un texto en lenguaje claro.
-Armar el plan de un artículo breve y redactar sus partes principales.


El taller suele funcionar como una buen introducción para quienes estén buscando acceder a públicos más amplios que los del propio universo de especialistas. 

El que esté interesado puede entrar acá para inscribirse. La clave del taller es 1.JA.1LE.238  

Segundas Jornadas Internacionales de Lenguaje Claro: la cosa va tomando color

El jueves pasado tuvo lugar la Segunda Jornada Internacional de Lenguaje Claro  y trajo varias novedades.

La principal, quizás, es que una sensación de trabajo en progreso reemplazó el clima más declarativo que había caracterizado el encuentro del año pasado. Distintos equipos que ya están trabajando con el lenguaje claro dentro del Estado desde juzgados hasta bibliotecas públicas presentaron sus casos. Entre otros, se escucharon ejemplos de cómo se editan las leyes en el Senado, de juzgados que simplifican sus sentencias y publican sus actividad en las redes, o lo que hizo y lo que hará la propia comisión técnica de la Red de Lenguaje Claro de la Argentina, coordinada por Mariana Bozetti. 


Mariana Bozzetti, Waldimir Wolters y Emilia Ghelfi, con el boceto del nuevo sitio web de la Red de lenguaje claro de la Argentina.

También se notó una mayor presencia de funcionarios del gobierno, especialmente del ministerio de Justicia y Derechos Humanos, que envió a su secretario y que en general parece llevar la delantera en el impulso del cambio.  Una de las novedades tomen nota los docentes de escritura es que están  tratando de reformular los programas de la facultad de derecho e incluir materias de redacción.

Estructuras sintácticas paranoicas

Hablando de abogados, una de los puntos altos de la jornada fue la presencia del escritor Pedro Mairal contando su experiencia de 11 años capacitando abogados. Además de describirla entre bromas y muy llanamente, dejó un par de definiciones para la antología "estructuras sintácticas paranoicas" y el "punto como ansiolítico"  y la cerró con un texto propio desopilante: Amor jurídico. Tanta broma hizo que Martín Böhmer, del ministerio de Justicia, se sintiera un poco obligado a responderle y dejara, de paso, una definición sobre la profesión de abogados como traductores de intereses al lenguaje del derecho.

Finalmente, la presencia internacional estuvo dada por la presencia de Claudia Poblete Olmedo cada vez más afianzada en su liderazgo regional y la de los colombianos Germán Arenas Arias y Betsy Perafán. La primera expuso sobre cuáles podrían ser los estándares de lenguaje claro y mostró una de las primeras herramientas que su red está ofreciendo a la comunidad: un cuestionario que permite a las organizaciones saber si sus documentos están elaborados con él (puede descargarse acá). Los segundos, más nuevos en estos menesteres, básicamente contaron su experiencia de trabajo, en general muy entretenida.  En cualquier caso, se nota la buena relación entre estos tres países, una relación que parecería que está por formalizarse de alguna manera y que augura que el movimiento seguirá en ascenso.

Una última cosa: está casi lista el sitio web de la red argentina de lenguaje claro se supone que arrancará en febrero. Ya pueden ir agendando la dirección: www.lenguajeclaroargentina.gob.ar 



Claudia Poblete Olmedo, de la Red de Lenguaje Claro de Chile, presenta su propuesta de estándares (foto @jomrichardson)

Un caso de trabajo colaborativo en lenguaje claro: los informes de auditoría de un banco nacional



Durante el año pasado tuvimos la fortuna de participar en una experiencia de trabajo realmente integral. Junto con la gerencia de Auditoría de un importante banco nacional, llevamos adelante un proceso de trabajo que concluyó con la reconversión a lenguaje claro todos sus modelos de informes y que prácticamente incluyó a todos los integrantes del área. La tarea, que se extendió prácticamente durante todo el año, comprendió además la elaboración de un manual de estilo y de una capacitación en escritura para todos los integrantes de la gerencia.

A grandes rasgos, así fue cómo lo desarrollamos.

Qué nos encontramos

La gerencia estableció desde el inicio una premisa clara: modernizar sus informes. Deseaba hacerlos más breves y legibles, y mejor orientados a sus distintas audiencias.

Si bien habían sufrido numerosas intervenciones desde la puesta en marcha del banco en la década del setenta–entre ellas incorporar un sumario ejecutivo de dos páginas y hasta íconos para rápidamente identificar los resultados–, estaban aún cargados de modismos legales, no contaban con un estilo homogéneo ni respondían a premisas de lecturas más contemporáneas. En síntesis, más allá de sus muchas cualidades técnicas y de modificaciones que le habían sido introducidas –el trabajo de auditoría del banco es muy reconocido entre sus pares–,  presentaban una arquitectura y estilo pensada para los lectores de años pre digitales, de organizaciones menos complejas que las actuales.

Qué hicimos

Con la gerencia, entonces, asumimos el desafío de conservar el rigor y la calidad de los informes a la vez que los volvíamos contemporáneos en términos de accesibilidad. En sucesivas reuniones con los principales responsables del área fuimos trazando conjuntamente un programa de trabajo que abordaba el requerimiento desde varios ángulos a la vez, algo que a todos nos parecía un requisito para que la movida fuera exitosa.

Revisamos todo: la cantidad de informes, la estructura y estilo de cada documento, el lenguaje, los posibles soportes, y también la necesidad de capacitar a los integrantes y, más importante aún, de participarlos en la definición de los nuevos documentos, algo que está en la base del espíritu cooperativo de trabajo. Convinimos, entonces, el siguiente plan de acción: diseñar primero una serie de nuevos modelos, ponerlos luego a discusión en capacitaciones de redacción en Lenguaje Claro y finalmente elaborar un manual de estilo que sirviera como marco de referencia para actuales y nuevos integrantes de la gerencia.

El proceso se extendió por aproximadamente diez meses entre finales del 2016 y casi todo el 2017. Involucró a prácticamente la totalidad de los integrantes de la gerencia –unas cuarenta personas– quienes fueron definiendo los nuevos modelos, a la vez que  participaban de los talleres. Entre otros recursos,  en ellos se abordó cómo organizar la información en función de los lectores de los nuevos documentos, cómo secuenciarla en apartados y párrafos que presentaran sus aspectos más relevantes en lugares clave,  y cómo desplegar una prosa activa, sin modismos burocráticos ni palabras de más.

Resultados

El proceso terminó resultando un acabado ejemplo de las bondades del trabajo en equipo y arrojó muy buenos resultados: tuvo un muy alto grado de compromiso con el cambio de parte de todos los involucrados y, por supuesto, desembocó en un conjunto renovado de modelos de informes.

Actualmente, los nuevos modelos funcionan como documentos digitales contemporáneos, con enlaces internos y fáciles de navegar: Auditoría elaboró e implementó plantillas HTML que pueden ser convertibles a pdf para ser impresos en caso de ser necesario.

Distribuidos en tres grandes categorías –informes de sucursales, de procesos centralizados y de situaciones especiales– en reemplazo de las cinco anteriores, cuentan además con las siguientes novedades:

-Una arquitectura de información renovada que pone al frente las conclusiones y los resultados, y cuya organización es más fácil de identificar para los distintos tipos de lectores como, por ejemplo,  los directivos del banco, los propios auditados, funcionarios del banco central, etc.
-Diseño gráfico en función de mejorar la experiencia de lectura e identificar mejor secciones e información central
-Una prosa clara y amigable comprensible de una sola leída.

En lo que se refiere a la organización los tres modelos cuentan ahora con una organización de contenidos que a grandes rasgos es la siguiente:

A primera vista: la carátula del informe provee a través de textos muy breves y recursos visuales como íconos o pequeños gráficos la información resumida del informe, incluido los resultados. Está pensado para una lectura rápida, orientado a conocer enseguida el resultado.

Conclusiones: en segunda instancia, se brindan las conclusiones generales que fundamentan los resultados consignados en la portada y, si fuera el caso, establecen las recomendaciones y pasos futuros. Son textos breves, en lenguaje claro, pensados para para completar la lectura rápida iniciada en la portada.

Resultado pormenorizado / cuadros: A continuación, iniciando un tipo de lectura más pormenorizada, se brindan los resultados y calificaciones de cada sección o procedimiento auditados.

Detalle completo de la auditoría: Finalmente, el lector puede acceder al desarrollo completo del trabajo incluida las descripciones de los objetos auditados, el alcance y descripciones de sistemas o áreas que requieren una explicación.

La guía de estilo
Como quedara dicho, todo el trabajo se cerró con la elaboración de un manual de estilo que sirve tanto como referencia para los actuales integrantes de la gerencia como recurso de inducción para los que se vayan integrando en el futuro
El manual está dividido en tres grandes apartados: 
1)   Introducción donde se describen los propósitos del banco respecto de la tarea y los atributos del auditor del banco.
2)  Descripción de las características generales del informe de auditoría, las del estilo y lenguaje con el que deben ser confeccionados y una serie de consejos para poder hacerlo.
3)  Presentación de los los tres modelos de informe a través de ejemplos e infografías.
4)  Glosario con las palabras de uso más frecuente.



Fragmento de uno de los bocetos previos de la caratula del informe de sucursal











Conclusiones
Más allá de los resultados favorables, todavía en evaluación, una de las conclusiones generales del trabajo es lo efectiva y enriquecida que resultó la experiencia al incorporar a todos los actores involucrados en el proceso. Durante las reuniones con los gerentes y las capacitaciones,  los aportes de todos permitieron detectar problemas inadvertidos, encontrar soluciones mejores que las que se habían imaginado previamente y, tan importante como todo eso, propiciar un verdadero compromiso con el cambio, que por necesario, no dejaba de ser profundo.

Para nosotros, como dijimos al principio, la experiencia resultó sumamente satisfactoria. Pudimos participar en todas las instancias del proceso, poner en juego muchos de los servicios que ofrecemos y, además, hacerlo en excelente clima de intercambio. Ojalá que se repita. 


Joanna Richardson: “El lenguaje claro es algo demasiado grande para que quede asociado a un gobierno o a un partido”


Hace diez años cuando, en alguna reunión, Joanna Richardson contaba que trabajaba con lenguaje claro, era muy raro que la charla se extendiera mucho. Sus eventuales interlocutores no entendían a qué se refería y, si lo hacían, no asignaban demasiado valor a lo que escuchaban. Sin embargo, últimamente nota que la cosa empezó a cambiar: “Ya no me dan vuelta la cara como antes”, se ríe. “Ahora percibo cada vez más interés, e incluso encuentro gente que ha oído hablar del tema y comprende su importancia”.

Joanna hace mucho que viene explicándole a la gente de qué se trata el plain language  o el lenguaje claro. Inglesa de nacimiento, pero afincada en la Argentina desde los inicios de los 90 –acá pueden chequear el derrotero que la trajo desde su Oxford natal a Buenos Aires–, ha hecho una vida de capacitar gente en cómo comunicarse con claridad.

“Para mí, comunicarse en lenguaje claro es algo que tiene que ver con la inclusión: con que los ciudadanos comprendan mejor cuáles son sus derechos y obligaciones, con que los gobiernos se vuelven más transparentes y con que las empresas tengan un trato más honesto con sus consumidores”.

Esa vocación se manifiesta en Joanna de varias maneras: participando como miembro del directorio de PLAIN, una de las principales organizaciones del mundo en la materia; llevando adelante su propia consultora especializada y, más recientemente, formando parte de la comisión que instrumentó la primera red de lenguaje claro en la administración estatal.

Aprovechando cierto auge de la temática a partir de distintas iniciativas estatales como esta, charlamos un rato sobre cómo ve el panorama actual en nuestro país.

Entre la experiencia chilena y la mexicana
“Es algo fantástico. Todavía somos pocos, pero estamos mejor que antes”, comienza a decir Joanna respecto de la situación local del lenguaje claro. “Hay personas que vienen trabajando hace mucho, como Mariana Bozetti o Emilia Ghelfi, con quienes nos conocemos muy bien. Y últimamente he conocido gente valiosa dentro de la administración pública, un espacio que yo no frecuento tanto”.
Justamente, Joanna fue la única persona ajena al Estado que formó parte de la reciente comisión detrás de la formación de la Red Nacional de Lenguaje Claro. Tomando prestado el ejemplo de Chile, diversas oficinas del Estado argentino han comenzado a articularse para mejorar su comunicación. 

“Es un primer paso”, evalúa al ser consultada. “Todavía estamos en las etapas iniciales, elaborando intenciones y protocolos. Pero, más allá de que me gustaría ir más rápido, es alentador que se haya comenzado a avanzar”, dice.

En este sentido, una de las principales preocupaciones de Joanna es que estas iniciativas sean vistas como lo que son: acciones propias de un Estado y no de un gobierno o un partido político en particular.

“Sería trágico que eso sucediese. Ese fue el caso de México con el programa de Lenguaje Ciudadano: fue visto como una acción partidaria del gobierno de [Vicente] Fox y no como una necesidad del Estado mexicano”, alerta. Efectivamente, el programa, lanzado hace casi quince años, proponía una actualización del modo en que se escribía en la administración de esa país. Muy alineado a las prácticas de plain language adoptadas en otras naciones, llegó incluso a contar con un manual prologado por Daniel Cassany (todavía es posible encontrar una versión aquí) y con premios a las oficinas estatales que mejoraban su comunicación. Lamentablemente, el programa fue discontinuado por el gobierno siguiente.

Para Richardson es imperativo no replicar esa experiencia fallida.  “Como dice Mariano Vitetta, un colega muy querido, ‘El lenguaje claro es algo demasiado importante para que sea percibido como la mera acción de un gobierno o de un partido político’. Es algo más grande. Por eso, es fundamental que aquí en la Argentina nos aseguremos de no repetir esos errores”, concluye.

Un lenguaje para todos
De hecho, en el mundo y en el país hay una gran actividad alrededor del lenguaje claro que ocurre fuera del Estado, más allá del gobierno que en ese momento lo administre. Sin ir más lejos y como quedó dicho antes, el grueso de la experiencia de Joanna está en el ámbito privado con organizaciones que buscan formar a su gente en lenguaje claro en inglés. Ha desarrollado, por ejemplo, una larga carrera como instructora en el estudio Marval, O’Farrel y Mairal, y también ha formado gente en grandes empresas como Tenaris.

“Una de las cosas buenas de trabajar con abogados es que les gusta escribir”, dice. “No siempre todos están felices con incorporar técnicas de claridad, y creo que muchos de ellos preferirían en reemplazo un buen curso de puntuación, pero no me quejo: son un buen público. Además, si hay algo que tengo claro es que nunca hay que pelearse con un abogado”, bromea.

Joanna celebra también recientes iniciativas como TCR, la campaña del banco BBVA que busca transparentar su comunicación, y otras del estilo que vienen teniendo lugar en muchas organizaciones.

A pesar, entonces, de que ejemplos como estos continúan apareciendo, quizás sea lícito preguntarse por qué el fenómeno de comunicarse más accesiblemente no termina de extenderse más masivamente. Joanna ensaya un par de explicaciones: “Creo que todavía hay gente en cargos directivos que ha sido formada en tradiciones antiguas. Y a pesar de que las necesidades del mundo son otras, continúa respondiendo a esas tradiciones. Lamentablemente, es muy difícil que las organizaciones cambien cuando las personas que las conducen se resisten a hacerlo”, explica.

Pero también encuentra responsabilidades dentro del mundo académico. “A pesar de que mucha agua ha pasado bajo el puente, todavía sigue habiendo resistencia a escribir más claramente en la vida universitaria. Muchos de quienes trabajan en la Academia siguen sintiendo que sus obligaciones no incluyen dirigirse a un público más general. Eso no es bueno”, dice la especialista, al tiempo que concluye: “En realidad, esa es la actitud opuesta a lo que distingue al lenguaje claro: pensar en el otro. Al hacerlo, tal como decíamos al principio, abrimos la puerta a la construcción de una sociedad más inclusiva”.



Karen Schriver: la historia del lenguaje claro y los desafíos que se vienen


Sobre el fin del año pasado, Karen Schriver, una de las principales especialistas en lenguaje llano (o lenguaje claro, como últimamente se lo está denominando en el mundo de habla hispana), publicó un artículo clave para entender de qué se trata y qué alcances tiene esta corriente. Denominado “Plain Language in the United States Gains Momentum: 1940-2015” ('El lenguaje claro toma impulso en los Estados Unidos: 1940-2015'), Schriver se tomó el trabajo de trazar su recorrido desde la primera norma que regulaba información gubernamental hasta la actualidad. Probablemente, el primer trabajo serio de historización del plain language (PL).

Aunque solo limitado a los Estados Unidos, el artículo es sumamente completo y tiene la virtud de poner en su lugar muchas de las piezas sueltas del rompecabezas que conforma la historia del PL. ¿Ejemplos? El lugar en la tradición previa de escritores como Orwell o Hemingway y también de manuales como el de Strunk & White; las diversas iniciativas gubernamentales desde mediados del siglo pasado hasta la promulgación del Plain Language Act en 2010; las actuaciones de las organizaciones privadas incluyendo los famosos formularios simplificados del Citibank en los setenta o las relativamente recientes discusiones entre la Federal Trade Comission y las agencias de marketing y publicidad. Al final de la lectura, es posible delinear con precisión la huella que el PL ha dejado en el país del norte y, por extensión, en todo el mundo. (Además, como si fuera poco, el artículo cierra con un cuadro que detalla año por año toda acción relacionada con él).

Redefinir el lenguaje claro

Pero esta virtud no es la única, sino que el artículo es especialmente interesante por dos cuestiones adicionales. El análisis que hace respecto de los exámenes de legibilidad y, todavía más importante, el trabajo que se toma para establecer una definición actual de lo que es el lenguaje claro.

Como bien plantea Schriver en su inicio, las primeras caracterizaciones del Plain Language sencillamente “enfatizaban un estilo simple y directo de escritura que se adaptara a su audiencia”. Hoy una caracterización de este tipo es insuficiente y así lo reflejan la mayoría de los grupos de PL, como Clarity, Center for Plain Language o PLAIN, a la hora de definir su objeto de trabajo. Schriver pone como ejemplo la definición que todas ellas han acordado. Es esta:

Una comunicación está en lenguaje claro si su elección de palabras, estructura y diseño son tan claros que la audiencia a la que se dirige puede fácilmente encontrar lo que necesita, entender lo que encuentra y usar esa información.

Como se ve, las nuevas visiones sobre el PL incluyen estructura, diseño y usabilidad, aspectos que son moneda corriente desde que el mundo se volvió digital. Sin embargo, Schriver va todavía un poco más allá e incluye una dimensión adicional: la ética.

Para Schriver, el lenguaje claro debe ser más que simplemente escritura y diseño claros. También debe ser honesto. Sobre todo, a sabiendas de que Estado y empresas se han vuelto más sofisticados a la hora de comunicar y que, para ocultar sus verdaderas intenciones, pueden hacer precisamente lo contrario de usar jerga u oscurecer sus textos. Usando lenguaje claro, tal como alerta la especialista, “las organizaciones pueden engañar, mentir y manipular el pensamiento de la gente (p. 3)”.

Efectivamente, tenemos evidencia de esto todos los días. Por eso es que un abordaje de lenguaje claro debería incluir nuevas preocupaciones: además de producir contenidos llanos y bien organizados, debería velar por su veracidad. Me parece que es la tarea que tenemos por delante, si queremos que el lenguaje llano continúe estando del lado de los ciudadanos, algo que, como bien ilustra el artículo, es su marca de origen.

Jornada Internacional de Lenguaje Claro: el estado argentino con ganas de comunicarse mejor

Finalmente, el lenguaje llano o lenguaje claro, como ahora se está prefiriendo denominarlo
hizo su aparición institucional en la Argentina. Después de años en los que apenas hubo alguno que otro antecedente aislado, emergió con una fuerza tal que hasta el mismo presidente terminó aludiendo a él cuando, en uno de sus discursos recientes, criticó el "español antiguo" con el que se escribe en la justicia argentina.

Pero más allá de cualquier alusión, el centro de este despertar demorado pasó por las muy buenas jornadas que hace quince días organizaron el Senado y el Ministerio de Justicia. Tuvieron un poco de todo: buenas exposiciones, capacitaciones breves con salas colmadas e inclusos anuncios: a partir de noviembre, el país cuenta con una Red Nacional de Lenguaje Claro. La idea es que, como ya se viene haciendo en Chile, esta red agrupe a los organismos estatales que se comprometan a simplificar y transparentar su comunicación.

Lo que pasó en el encuentro

Puntualmente, las jornadas se repartieron en dos días. En el primero, expusieron funcionarios y las cuatro especialistas convocadas: la angloargentina Joanna Richardson, representante local de Plain Language; la argentina Mariana Bozetti, representante de Clarity; la chilena Claudia Poblete y la española Cristina Carretero. Todas ellas repartieron muy bien los temas de sus intervenciones. Por destacar algunas cosas: el tono narrativo que por momentos le imprimió Richardson a su presentación sobre la historia del Plain Language, la conceptualización sólida de Bozetti, los detalles de la experiencia chilena de Poblete y el desparpajo general de Carretero. El video a continuación reúne las cuatro exposiciones.



Capacitaciones a sala llena

Pero más allá de que las exposiciones cumplieron  su cometido con creces, daría la sensación de que las jornadas fueron también exitosas en otro propósito: vincular los esfuerzos de quienes quieren allanar la comunicación estatal. Si, por ejemplo, se echa un vistazo al video de la capacitación de Carretero al día siguiente sobre ley y lenguaje claro, es posible apreciar la pertenencia de los asistentes a distintos sectores de las administración pública y su urgencia para que las cosas empiecen a cambiar. Lo mismo sucedió en las otras dos clases abiertas: la de Poblete sobre textos jurídicos y la de Natalia Staiano, directora de capacitación del Senado, sobre lenguaje administrativo. Fue habitual que antes y después de ellas se intercambiaran direcciones de correo y que se contribuyera a divulgar proyectos ya en marcha dentro del estado.

Personalmente, me gustó descubrir y charlar un rato con alguna gente de derechofacil.gob.ar,  El proyecto, que de distintas maneras busca acercar la justicia a la gente, es un exponente hecho y derecho de las mejores intenciones y posibilidades del lenguaje claro: construir ciudadanía y ayudar a que nuestras instituciones sean cada vez más transparentes.

La mirada española actual sobre el lenguaje claro

Recientemente concluyó el XII Seminario Internacional de Lengua y Periodismo dedicado, en este caso, al lenguaje claro, o al lenguaje llano como solemos denominarlo por acá. Entre las muchas cosas interesantes que sucedieron --algunos de los debates pueden ser reconstruidos a través de la recopilación de los tuits que se emitieron desde el seminario-- está la guía descargable que armaron para la ocasión Mario Tascón y Estrella Montolío: Comunicación Clara

Les recomiendo echarle un vistazo. Se van a encontrar con un muy buen proyecto de actualización de los principios de la escritura llana, entendida ya como una elaboración integral de contenidos. Porque, como todos sabemos, hoy escribir es más que simplemente escribir.

Acá va un ejemplo de esta actualización: un diagrama de los pasos de la composición de un contenido. De las tres tareas clásicas del proceso --preparar, textualizar y revisar-- pasamos a nueve, incluidos el manejo de imágenes y de enlaces.


Además, la guía trae una buena descripción de qué entiende por comunicación clara y, tan interesante como eso, un panorama del Plain Language desde sus inicios históricos hasta los mejores ejemplos de la actualidad, como el Plain Language Act.

Gov.uk: el sitio que les escribe claro a los ingleses

Si trabajaras generando contenidos para el sitio web del gobierno inglés, posiblemente te sorprenderías con algunos de los verbos que tendrías prohibidos.

Por ejemplo, colaborar. En Gov.uk no se colabora, se trabaja con. Ni tampoco se facilita; las cosas se hacen o no se hacen. Ni siquiera se dialoga: se habla. Y así con una larga lista que incluye impactar, focalizar o entregar (to deliver, salvo que sean pizzas, aclaran con ironía en este último caso).  


Gov.uk –un favorito de esta consultora, como les consta a clientes y alumnos– es quizás uno de los mejores ejemplos de escritura institucional contemporánea. Y no solo por su defensa enfática de una prosa llana, sino por su arquitectura y el principio que la rige: responder siempre, lo más rápido posible, a las necesidades de sus visitantes. “Todas las partes del diseño y la arquitectura, y toda pieza de contenido publicado, debe responder a una necesidad válida de los usuarios. La gente visita Gov.uk para resolver una tarea puntual, tal como conseguir una licencia de conducir o saber dónde vota”, explica el propio sitio.  

Lo cierto es que el diseño general del sitio, que presenta un aspecto en el que predomina el fondo blanco y el texto, bien en sintonía con lo que históricamente pregonó Jakob Nielsen, le ha valido en 2013 el premio más importante de diseño de Gran Bretaña y haber superado recientemente la cifra de 2 mil millones de visitas desde su lanzamiento en 2012. En la actualidad, el sitio, en permanente actualización, continúa con su objetivo de centralizar todos los servicios estatales: ya está en la etapa de abastecer a públicos profesionales y de especialistas.

En la Argentina, también es posible encontrar ejemplos gubernamentales que responden a estos principios. A mí me gustan especialmente los sitios de Desarrollo Social –en cuyo rediseño tuvimos la suerte de trabajar el año pasado–, del Anses o el del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires. Todos ellos procuran hacerles la vida fácil a sus visitantes, para lo cual, por supuesto, es esencial hablarles del modo más claro posible.    

Escribir para todos: taller en el Rojas

El próximo lunes 23 de febrero voy a dictar en el Rojas el taller de verano "Técnicas de divulgación: cómo escribir para todos". Es un taller breve de cuatro clases dirigido a investigadores, científicos y profesionales, en el que básicamente hacemos tres cosas:

-Entender las claves de la divulgación científica aplicadas a escribir.
-Incorporar algunos recursos para componer un texto en lenguaje llano.
-Armar el plan de un artículo y redactar sus partes principales.

El taller suele funcionar muy bien para quienes traen a clase un proyecto de artículo o para aquellos que quieren asomarse a la divulgación, luego de haber pasado mucho tiempo sumergidos en un universo de especialistas. 

El que esté interesado puede entrar acá para inscribirse 

Almuerzo con Matthew Stibbe de Bad Language

Esta foto ilustra uno de los grandes momentos de mi reciente pasada por Londres: el almuerzo con Matthew Stibbe de Bad Language.

Matthew es una de las personas que más ha hecho por definir, pensar y desarrollar la profesión que ejerzo: escribir para organizaciones. Durante más de una hora estuvimos intercambiando experiencias, comparando la realidad de Londres y la de Buenos Aires, y riéndonos de las cosas que ambos sufrimos ( ˮno, no edites el texto simplemente ojealo y mejoralo un pocoˮ).


De la charla me quedé con la sensación de que Matthew y su empresa, Articulate Marketing,  están bien a la vanguardia de lo que genéricamente se denomina como marketing de contenidos: no sólo por aquello que tiene que ver con la definición  de un producto sino por el modo estratégico de comercializarlo, que hasta  involucra una redefinición del modo en que los escritores nos pensamos a nosotros mismos.

En los próximos días, voy a ir subiendo alguna de esas ideas.  

Errores gramaticales: ¿hay que matar a quienes los cometen?


El video, hecho por el dúo de comediantes británicos Mitchell and Webb, muestra el colmo de lo que puede pasar cuando un “nazi de la gramática” escucha que alguien comete un error.

La escena trascurre en la reunión de una empresa. Uno de los empleados está terminando de hacer una presentación y, para su desgracia, pronuncia mal la hache (algo así como si en lugar de decir “hache”, dijéramos “jache”).

– ¿Podés repetirlo por favor? –pide el que parece ser el jefe.
– Jache, jache, jache –contesta el otro haciendo la misma falta.

Sin demasiadas vueltas, el jefe saca un arma y le dispara. Asombrados, los demás le preguntan por qué hizo eso y al hacerlo, uno a uno, van cometiendo ellos también errores, y cayendo en la volada. El último que queda le hace notar al tirador que él también pronunció mal una palabra. Ante este descubrimiento, sin más remedio, él también se quita la vida, pero antes llega a dispararle al otro. En definitiva, terminan todos muertos.

Errare humanum est

La gracia del video está justamente en la ridícula idea de que alguien que se equivoca al hablar pueda recibir un castigo semejante. 

Aunque es cierto que algunos errores pueden crispar bastante los nervios de algunos. El uso incorrecto del condicional en lugar del subjuntivo (“Si sería yo, no haría eso”), el temido dequeísmo (“Te dije de que vinieras”) o algunos  extendidos errores de concordancia (“Con mi equipo queremos salir campeón”) son algunos de ellos. Sin embargo, lo cierto es que nadie está exento de equivocarse (hasta los propios correctores de estilo sufren con sus erratas).

Además, lo que hoy es un error, mañana puede no serlo. La normativa asienta lo “correcto” en el uso de la lengua y, como esta última, va cambiando para adaptarse a los hablantes (o, al menos, eso debería hacer). Por ejemplo, hasta hace asombrosamente pocos años, la normativa condenaba el voseo, algo tan común para nosotros, los hablantes rioplatenses. Y hay estudios de Lingüística, incluso, que afirman que el uso incorrecto del condicional en lugar del subjuntivo –ejemplo que nombramos más arriba– responde a que el hablante tiene otra intención comunicativa, diferente a la que tiene cuando lo usa bien. Es decir: es posible que alguna vez llegue a aceptarse.

Honrar la lengua

Entonces, ¿por qué nos duelen los oídos cuando escuchamos que alguien se confunde al hablar? Seguramente tenga que ver con el amor que tenemos por la lengua: la honramos y sentimos que los errores de gramática la desmerecen, la ensucian. Como dijo el escritor Pedro Mairal en su conferencia en TED: “A la lengua no hay que darla por sentado. El lenguaje es un don que hay que hacer efectivo, cuidarlo y ejercitarlo”. 

Estamos plenamente de acuerdo con esta afirmación: lo más lindo de nuestra lengua es poder disfrutarla. Pero ojo, porque, sobre todo en los textos escritos, la gramática es una condición importante de calidad, pero no la única. Para que un texto funcione tiene que cumplir con muchas otras, igualmente importantes para su éxito (de esto hablamos acá, acá y acá). 

En vista de este panorama, tal vez lo mejor sea alejarse de posiciones extremistas que no llevan a nada bueno. Después de todo, como bien muestra el video, si nos ponemos demasiado fanáticos terminamos todos muertos.


Documentos que todos entienden: en Estados Unidos, el lenguaje llano es ley


Alguna vez, en el blog hablamos del Movimiento del Lenguaje Llano (Plain Language Movement), una iniciativa mundial que apuesta a la comunicación clara para asegurar el acceso de todos los ciudadanos a la información.

Parece que en Estados Unidos el movimiento ha llegado lejos. Justamente en el país que lo vio nacer –la iniciativa tuvo sus inicios allí en la década del 60–, el lenguaje llano es desde 2010 obligatorio por ley. El Plain Writing Act, aprobado por Barack Obama, exige que las agencias federales empleen en sus comunicaciones oficiales un lenguaje claro para el público general. El objetivo: asegurar que las regulaciones sean accesibles, consistentes y fáciles de entender.



La medida tiene, además, un sitio web encargado de difundirla, donde se ofrecen sugerencias para armar páginas de internet en lenguaje llano y se comparten enlaces a diccionarios y otras herramientas útiles. Allí mismo se pone también disposición del público una serie de consejos para escribir con claridad, que abarcan desde la selección de las palabras hasta la longitud de las oraciones y la arquitectura de la información (de esto último estuvimos hablando recientemente en este post).

Si bien en este caso están destinadas más específicamente a documentos oficiales, las sugerencias pueden servir para cualquier tipo de texto. A esta altura, la mayoría ya han sido escuchadas, pero de todas formas les dejamos algunas:

  • Identificá a tu audiencia. Tené en cuenta los conocimientos técnicos o especializados con los que cuenta (o no) tu lector promedio.
  • Preferí siempre la voz activa a la pasiva
  • Omití palabras innecesarias o reemplazalas por otras más simples.
  • Usá gráficos y tablas para organizar la información
  • Comprobá que el documento sea comprensible para tu lector promedio: dáselo a leer y escuchá lo que tiene para decirte.


¿Y en la Argentina?

En nuestro país, ha habido diversas iniciativas para implementar el lenguaje llano en el ámbito público, algunas más exitosas que otras. De eso hablaremos en próximos posts.

¿Estoy out? El inglés en la jerga empresaria

Como ya escribimos hace unos meses, en el vocabulario cotidiano de las empresas hay cada vez más palabras del inglés. Miren este video de una publicidad que ilustra esta situación de una manera divertida.



Pedro Mairal habla en TED sobre la fuerza del lenguaje

Como si fuera uno de sus textos, con frescura, un poco a la pasada,  Mairal cuenta en diez minutos por qué  por qué el lenguaje es un don que conviene no descuidar ni dar por sentado. Disfrutable de principio a fin.


Dos conferencias de Daniel Cassany

Días atrás, tuve la enorme fortuna de almorzar y conversar un buen rato con Daniel Cassany, el autor de la Cocina de la Escritura . Durante octubre estuvo de paso por Buenos Aires dictando un taller en la UBA y otro en Neuquén. No nos veíamos desde su última visita en 2002, ocasión de una memorable conferencia que organicé en el Rojas: “¿Cómo hacer para que la escritura nos obedezca?”.
Entre los tantos tópicos de la charla –Buenos Aires, Barcelona, la UBA, sus libros recientes, etc.- una parte de ella fue destinada a recordar aquella conferencia, un evento que terminó con la sala central del centro colmada de unas doscientas personas que le pedían desde consejos de redacción hasta su opinión sobre el Ulises de Joyce. Fue una experiencia intensa y muy divertida, tanto que impulsó a Cassany a escribir su propia crónica del evento, con los consejos incluidos.
Como una suerte de complemento de esa experiencia, Daniel me contó que hace un par de años había participado de una conferencia organizada por Andrés Hoyos, el director de la revista literaria colombiana El Malpensante. Lo habían invitado a disertar sobre un tema que habitualmente evita: literatura y escritura. Tal como le explicaron los promotores de la conferencia, muchos de los recursos y estrategias que Cassany propone son, por supuesto, aplicables a cualquier texto, incluso los literarios.
Frente a un auditorio también muy poblado, entonces, Daniel abordó el tema de la creatividad –para sacarla del dominio exclusivo de la literatura- y, tan interesante como ello, reveló algunos de los procedimientos que sostienen su propia escritura. Profundizando sus ideas de siempre, Daniel encuentra nuevos ángulos y matices para explicar la relación con los lectores –de estar cerca de ellos surgen las mejores ideas-, reafirmar el carácter comunitario de la lengua y debido a ese carácter, nuestra habilidad para reformular contenidos.
Vale la pena leer ambas crónicas, que además están escritas por Daniel mismo. La de Buenos Aires tiene consejos puntuales –cociná tus textos, convertite en un mayordomo de tus lectores, etc.- mientras que la de Bogotá los desarolla y fundamenta.
Aquellos que hayan leído y disfrutado la Cocina de la Escritura, encontrarán que ambas pueden ser deliciosos apéndices del manual. Y, por el contrario, quienes recién descubran el trabajo de Daniel pueden saborearlos como aperitivos para, en todo caso, ir después por bocados mayores.

La vida bien escrita de William Zinsser

Acabo de terminar de leer Writing about Your Life de William Zinsser. En una clásica maniobra suya, el escritor norteamericano escribe sus memorias y mientras lo hace, intercala consejos sobre cómo escribir una. (Acá van algunos ejemplos: usar como material aquello que resuene emocionalmente, no preocuparse por la opinión de familiares, encontrar un punto de vista que dé unidad a tu texto, etc.)

Pero más allá de sus aspectos prácticos, el libro de Zinsser es tan o más interesante por la historia qué cuenta: la vida de un escritor. Uno no del todo convencional, aclaremos. Zinnser, un periodista neoyorquino que ganó celebridad a partir del millón de ejemplares que vendió su libro On Writing Well, construyó una vida alrededor de las letras, pero sin tocar la literatura. Es más: fue un defensor tenaz del “non-fiction” como un género igualmente prestigioso.

Es que menos escribir literatura, Zinsser hizo de todo: trabajó como periodista en el New York Herald Tribune –el diario que tiempo después sería desplazado por un más contemporáneo New York Times-, fue articulero free-lance para revistas como Life, dio clases de redacción en Yale, se desempeño como editor de la empresa Book of the Month , y en el medio se las ingenió para ser autor de 8 libros de temas variados. Actualmente escribe una columna todos los viernes para The American Scholar y toca el piano. Bastante actividad para alguien que ya está pisando los noventa años.



Sin palabras innecesarias

Al leer su biografía, uno tiene la sensación de estar en presencia de alguien que contribuyó enormemente a afianzar la prosa clara, orientada al lector, que caracteriza al Estados Unidos de posguerra. Cómo su país por aquellos años del siglo veinte, la prosa de Zinsser es vigorosa, productiva, llana, positiva. Sus oraciones cortas y activas, sus párrafos sólidos de point sentences directas y precisas, son un buen espejo de esa sociedad optimista y triunfante, que se siente construyendo un nuevo mundo.

“¿Quién puede entender el lenguaje viscoso del comercio cotidiano de los Estados Unidos?”, escribía allá por mediados de la década de los setenta en el inicio del segundo capítulo de su libro On Writing Well. "¿Quién puede entender un memo, un reporte corporativo, una carta de negocios, una nota enviada por un banco? […] El fárrago de palabras es la enfermedad de la escritura americana. Somos una sociedad ahogándose en palabras innecesarias, construcciones circulares, adornos pomposos y jergas sin sentido”, denunciaba, entusiasmado por remover los obstáculos y posicionar la escritura como una garantía de desarrollo de una sociedad democrática.

La validez de su legado

Pero el mundo ya no es ese que Zinsser describía apasionadamente. Y aunque muchos de sus presupuestos continúen teniendo plena vigencia –la claridad, la funcionalidad de los textos, la economía de palabras, etc.-, ya empieza a haber suficiente evidencia de que no todos ellos encajan en los modelos de prosa más fragmentarios, colectivos y abiertos que caracterizan estos nuevos tiempos. Ahora, en todo caso, tratamos de armar recorridos con esos fragmentos e invitamos a nuestros lectores a participar lo más posible del proceso.

Igual, estas razones no deberían ser un impedimento para disfrutar de las pequeñas y encantadoras historias de este neoyorquino de clase media. Ahí están para nuestro placer sus anécdotas de aulas y redacciones â la Hemingway, sus semblanzas de personajes, sus reflexiones sobre el oficio. Todas presentadas con una prosa liviana y ágil cuyos mecanismos sigue valiendo la pena desentrañar.

Sí. Aunque el mundo se haya vuelto un lugar más vertiginoso, con poco lugar para comienzos, desarrollos y finales perfectamente estructurados. Aún en él, se siguen necesitando párrafos bien construidos, sin palabras de más.