Cursiva, ¿cuándo usarla?


La famosa cursiva, también conocida como bastardilla o itálica, aparece en los textos para destacar una palabra, frase u oración. A continuación, sin repetir y sin soplar, los casos en los que –según la página de la Wikilengua recomendada por la Fundéu– se usa la cursiva.

- Cuando se aclara la nomenclatura científica de animales y plantas: Margarita, Leucanthemum vulgare y León, Panthera leo.

- En los casos en los que el lenguaje se explica a sí mismo (metalenguaje): El verbo amar pertenece a la primera conjugación. (En la introducción de este post tienen otro ejemplo).

- Si se incorporan extranjerismos con su ortografía original: Los programas de televisión dependen del rating.

Al respecto, García Negroni aclara que los latinismos aceptados por la RAE van en redonda: quórum, statu quo, réquiem

Pueden leer más acerca de los extranjerismos en nuestra lengua, en este post.

- Ante apodos o alias de personas, cuando van acompañados del nombre real (si no van en redonda): Esteban Cuchu Cambiasso pero Cuchu Cambiasso. Juan Ramón la Bruja Verón pero La Bruja Verón. Si el sobrenombre está detrás del nombre va entre comas: Ernesto Guevara, el Che.

- Para nombrar títulos de libros y nombres de obras de arte (piezas musicales, pinturas, películas, etc.): Estuve leyendo El Quijote el último fin de semana. Siempre escucho la 9na. sinfonía de Beethoven para relajarme. En el museo exhiben Juanito durmiendo, de Berni.

Ortografía y gramática, aspectos clave de los negocios en línea


Una nota que la BBC publicó la semana pasada resalta la importancia de una redacción clara y correcta para el éxito de los sitios de venta online. El autor de esta conclusión es Charles Duncombe, director del grupo Just Say Please, de Gran Bretaña, quien asegura que los errores de gramática y ortografía pueden disminuir a la mitad las ventas de un sitio web.

Analizando las cifras de venta de diversas páginas, Duncombe descubrió que este tipo de errores pueden terminar de disuadir a un consumidor inseguro sobre la credibilidad de los sitios. De acuerdo a un estudio que hizo con las estadísticas de la página www.tightsplease.co.uk afirma, además, que cuando un error es corregido los ingresos por cliente aumentan al doble.

William Dutton, director del Oxford Internet Institute de la universidad homónima, respalda esta idea. En la nota dice que si bien en algunos sitios más informales –como Facebook– hay más tolerancia hacia los errores, no ocurre lo mismo con las páginas de inicio de los sitios de empresas o con las páginas de venta online. Y agrega que para un consumidor preocupado por posibles intentos de spam o estafas cibernéticas un solo error puede ser determinante.

Dar en la tecla

Paradójicamente, la necesidad de escribir correctamente hace que muchas empresas con tecnología de punta dependan, como Duncombe dice, de la habilidad más tradicional de todas. “Cuando vendés o comunicas algo en Internet, el 99% del tiempo lo hacés por medio de la palabra escrita”, explica.

Esto presenta un desafío para las empresas, que tienen que asegurar la buena redacción de sus empleados. En este sentido, desde la Confederación de las Industrias Británicas, atestiguan que muchas compañías inglesas tuvieron que invertir en cursos de escritura para sus empleados.

Aquí se puede leer la nota entera de la BBC (en inglés) y aquí la versión que publicó Clarín.

La lengua, el mayor capital

Aquí, un link a un video de la Fundéu en el que periodistas latinoamericanos y españoles hablan de la importancia de hacer un uso correcto del idioma y definen a la lengua como el mayor capital para hacer su trabajo.

La Academia Argentina de Letras responde tus dudas

Hace unos días comentábamos la creación del nuevo manual de estilo de la Fundéu, un espacio interesante para debatir y preguntar sobre la escritura en los nuevos medios. Ahora bien, si de recursos de consulta se trata, nuestro afecto se inclina hacia uno bien nuestro: el servicio que brinda el Departamento de Investigaciones Lingüísticas y Filológicas de la Academia Argentina de Letras.

Quien tenga una duda sobre cómo se escribe una palabra –si va con mayúscula o minúscula, si su género es tal o cual, y diversos etcéteras– puede llamar de lunes a viernes, de 13.15 a 18.45 al (5411) 4802-2408 / 3814 interno 4. Para cuestiones literarias que requieran una investigación más profunda, está la dirección de correo electrónico consultas@aal.edu.ar.

Cualquiera sea el medio, la respuesta vendrá de parte de Josefina Raffo o Santiago Kalinowski, quienes trabajan bajo la supervisión de los directores del departamento Francisco Petrecca y Susana Anaine.

Tres décadas ayudando a escribir

El servicio de atención de consultas telefónicas de la Academia Argentina de Letras existe hace más de 30 años y, según testimonia su página, atiende alrededor de 9000 preguntas anuales (que en varias oportunidades fueron recopiladas en fascículos y libros). Hasta hace poco, las dudas se recibían por teléfono y ¡por correo postal! Con las nuevas tecnologías llegó también el servicio por correo electrónico.

Los llamados y mails son de lo más variados: con el servicio se comunican desde escuelas y ministerios, hasta agencias de publicidad y particulares. Les recomendamos que se den una vuelta por el sitio de la Academia, que dicho sea de paso está cumpliendo 80 años.


La sede de la Academia en Recoleta,
Buenos Aires

¿El nuevo estilo de los manuales de estilo?

Si antes la norma era una sola, establecida por unos pocos para muchos, hoy los nuevos medios parecen abrir el paso para que sean los usuarios los encargados de dialogar y reflexionar acerca de la mejor manera de expresarse.

El proyecto recientemente creado por la Fundéu brinda el espacio para esto. Se trata de Estilo, “un manual de los nuevos medios hecho en un medio nuevo”, como ellos lo definen. Estilo es todavía un blog pero pronto será una página web elaborada a partir de los aportes de la institución y de las recomendaciones, ideas, consejos, etc. que blogueros, lingüistas, periodistas y profesionales del mundo hispanohablante publican allí diariamente.

Si quizás en un primer momento sus creadores imaginaron un manual cerrado, la lógica del mismo canal debe haberlos hecho pensar en otro camino. Lejos de los antiguos textos, este nuevo medio abre la puerta al debate, como lo describe en esta entrada el célebre filólogo y lexicógrafo Manuel Seco: “Hay personas que ante cualquier duda del lenguaje, esperan siempre una respuesta tajante. Muchas veces la hay; pero muchas veces la solución ha de ser matizada”.

Allí mismo, la institución hace un resumen de los recursos que ofrece y destaca la diferencia entre ellos y el nuevo espacio: “Para emitir recomendaciones lingüísticas está la página de la Fundéu BBVA, para construir o recoger sesudo conocimiento enciclopédico está la Wikilengua; para preguntar, dudar, avanzar y dar marcha atrás está este blog: una suerte de guerrilla de la lengua a la que no le importa tropezar, si el tropiezo es parte del avance”.

Esta es la propuesta de este wikimanual de Fundéu, entonces. Una herramienta tal vez menos académica pero igual de útil, donde la discusión está a la orden del día y donde, entre todos, es posible construir nuevas formas de evaluar lo correcto y lo incorrecto, lo que conviene y lo que no.

Santander Río y su apuesta a los contenidos de fondo

Hace ya varios años que venimos trabajando con Santander Río. De las muchas virtudes que caracterizan su comunicación interna, una de las más importantes es la confianza que asignan a la producción de contenidos. El banco cree que empleados bien informados, al tanto de los fundamentos que guían sus políticas y objetivos estratégicos, hacen un mejor trabajo.

Una de las últimas muestras de esa convicción es el Anuario 2010 de su revista mensual Ideas. La publicación, dirigida exclusivamente al público interno, aborda uno a uno los grandes temas de la gestión presente y futura. Temas como la innovación tecnológica del negocio, el compromiso del banco con los sectores productivos del país o la estrategia comercial de aumentar los niveles de bancarización en la población, son abordados en profundidad en distintos artículos de fondo, acompañados por entrevistas breves y textos más fragmentarios.

Efectivamente, el anuario con sus más de 70 páginas de artículos, reportajes, infografías y pastillas de datos representan un muestrario acabado de en qué anda Santander Río, de por qué hace lo que hace. Algo que cualquier empleado del banco valorará a la hora de dotar de sentido a su tarea cotidiana.













El anuario estuvo dirigido por las responsables del área Vanesa Marignan y Juliana Maíz Casas, diseñado por HT Contenidos y escrito por Bruno Armento y Alfredo Dillon, de esta consultora.

En la foto de arriba, una muestra de uno de los artículos centrales de la publicación: Enrique Cristofani, presidente del banco, repasa la agenda de temas de la institucion con Sergio Galván, el gerente de Comunicación externa y Estudios económicos.

In English? ¿O en español?


La tendencia de incorporar palabras en inglés a los textos en castellano parece ir en aumento en casi todos los ámbitos, y es un tema que suele despertar diversas opiniones.

Una de ellas es la de Álex Grijelmo. En su libro Defensa apasionada del idioma español, el renombrado periodista ibérico explica que si bien el español siempre recibió palabras de otras lenguas –lo que de alguna manera lo fue moldeando hasta ser lo que es hoy–, el caso del inglés es diferente. Parece ser –describe el autor– que “en apenas medio siglo el inglés ha colocado en nuestras bocas tantas palabras como el árabe en ocho centurias”.

Además, a diferencia de lo que sucedió con el vasco, el árabe, el catalán, el francés, el maya o el guaraní (por nombrar algunos idiomas que influyeron al nuestro), los anglicismos que comenzaron a llegar al español a mediados del siglo XX no lo hicieron por el contacto popular sino mediante la letra impresa en periódicos, tratados científicos y otras publicaciones. Por lo que no adaptaron su fonética a la nuestra sino que arribaron –como dice Grijelmo– “con todas sus letras, a menudo impronunciables para un hispanohablante monolingüe”. Lo mismo continúa sucediendo hoy, a través de la televisión, la publicidad y los productos importados.

A excepción de algunos términos que sí se adaptaron (como fútbol, computadora o escáner), hoy el idioma del norte entra en nuestros textos escritos y orales así como suena. En las empresas, las áreas de Publicidad y Marketing (curiosamente, esta palabra está en inglés) tienden a incluir en sus documentos outsorcing, managment, benchmarking y pricing. Lo mismo sucede con Sistemas, donde input, update y download son recurrentes.

Para este comportamiento, Grijelmo esboza una hipótesis: los hispanohablantes se avergüenzan de su lengua y creen que las palabras en inglés suenan mejor, más prestigiosas y elegantes. Esta última, una suposición errada que el autor rebate repetidas veces con buenos ejemplos.

Lo cierto es que un texto cumple su propósito si el lector puede comprenderlo, si no necesita sortear obstáculos para llegar al mensaje. En este sentido, los términos en inglés (o en otro idioma para el caso) pueden generar dificultades en la lectura. Sin embargo, tampoco es bueno fanatizarse. Si una palabra expresa lo que queremos decir seguramente no esté tan mal ponerla en inglés, en itálica y, si es necesario, con una aclaración entre paréntesis. Es decir, si es funcional y no suena demasiado rebuscado, entonces adelante.